Todos los padres dejan legados en sus hijos.
• De mi familia •
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Mi nombre es Carolina, y Casa l’Espiga es parte de mi proyecto de vida.

Desde hace un año que decidí hacer un cambio en mi vida, y apostar por lo que realmente me llenaba.

Mis padres ya crearon este alojamiento con la finalidad de tener dos casas rurales, una de ellas heredada de mis abuelos paternos y que actualmente es vecina de Casa L’Espiga. La otra casa, la construyeron mis padres con el fin de que cada hija tuviera una casa.

Aún recuerdo el día que con un papel más largo y otro más corto el destino hizo que esta casa fuera por mí.

Durante muchos años mis padres han mantenido el negocio de las dos casas, sus nombres eran los apodos que se utilizan en la familia, y muchas han sido las personas que han pasado por ellas, cautivadas por la belleza del entorno y por la autenticidad de mis padres, que siempre han acompañado a los clientes con regalos de productos cultivados por ellos mismos de la huerta, y también para todas aquellas recetas que mi madre ofrecía a todos los que nos visitaban.

Manteniendo la esencia de cuidar cada uno de los detalles, pero con un toque más moderno, sencillo, más natural, más sostenible, más acogedor, con más proyección de futuro, buscando diferenciándose, buscando la excelencia, sin perder la autenticidad, y con los mismos valores de la constancia que tenían mis padres, pero sobre todo de la confianza que quien entra en Casa l’Espiga, encuentra lo que busca.

Un lugar para sentirse como en casa, un lugar de paz, de tranquilidad, un lugar para compartir con la familia y/o los amigos.

Un lugar donde los niños pueden ser niños, disfrutando del agua y los juegos de piscina, donde no hay nada más que naturaleza, donde disfrutar del canto de los pájaros es inevitable, y poder disfrutar de cocinar sin prisa, con productos locales y de la zona. Tiempo de relax, de estar con los tuyos, de estar contigo. De conectar con tu verdadera esencia.

¿Te vienes a disfrutar al Delta del Ebro con nosostros?